Al Oeste, en Zapata (2025)

Por Alessandra Carrión

Landi carga sobre su espalda el peso de ser el sustento familiar y lo lleva léntamente por los pantanos del ecosistema silvestre de Zapata, Cuba. Bim desarrolla un documental íntimo que nos retrata el día a día de un adulto mayor que caza cocodrilos -reptil emblemático y de orgullo cubano- para sostener a su familia mientras Cuba se cae por la crisis y las autoridades propagan sacar pecho.

La historia se divide en dos partes bien delimitadas, la primera condensa la rutina de Landi y la segunda, la de Mercedes. El largometraje propone figuras interesantes, vemos a Landi cual ingeniero depredador poco a poco tomar la propia posición del reptil, sumergiéndose e impulsándose dentro de las aguas de la ciénaga y la flora caribeña. El ritmo pausado nos ancla a la propia velocidad de la naturaleza y los planos contemplativos acompañan a Landi desde la horizontalidad. Bim no pretende reducirlo a la precariedad de su situación ni solemnizar su lucha, simplemente la muestra y construye un relato humano matizado por su personalidad.

Landi comparte su soledad con su esposa Mercedes, que también está sola en el cuidado de su hijo autista. Sin embargo, es en esta segunda en la que se empieza a meter el dedo en las heridas de esta familia y, por lo mismo, la longitud de planos empieza a notarse. El montaje separa a estas personas tal como su situación los obliga a ser un núcleo distante. Esta es una ópera prima sobre el cuidado, una familia condenada a funcionar con kilómetros de distancia de por medio puesto que su unidad depende de este tipo de sacrificios. Es grato ver el nacimiento de un documentalista.