De qué pecan Los Inocentes (2025)

Por Sebastián E. Chávez

Hasta qué punto se puede adaptar libremente una obra y seguir manteniendo su esencia. Tocar el trabajo de un autor para hacerlo tuyo: cambiar el tiempo, agregar historias, personajes y desarrollar ideas que no estaban en la obra original. ¿Seguiría el proyecto siendo merecedor del título original? En este caso, ¿seguirán vigentes las mismas preocupaciones que Oswaldo Reynoso retrata en Los Inocentes de esa Lima de los años sesenta? Esta libre adaptación del libro apuesta por sus propias preocupaciones.

La película gira en torno a Cara de ángel, uno de los protagonistas de los cuentos que conforman el libro, y la adaptación mezcla el resto de los relatos para armar una historia no tan dispersa. A comparación del libro, que sigue un retrato más abierto y hasta colectivo de estos muchachos, la película solo apuesta por Cara de Ángel y el resto tiene poco o nulo desarrollo. Gira en torno a su despertar sexual, explorando su bisexualidad y su necesidad de hacerse escuchar en esta ciudad. Lamentablemente, siguen siendo ideas que se ven más interesantes sobre la mesa que en la película. 

En esa Lima sesentera de la que escribe Oswaldo Reynoso, se muestra una ciudad que le falla a este grupo de jóvenes, cuya falta de oportunidades y marcadas diferencias sociales los obliga a despojarse de su inocencia para volverse hombres, y así poder sobrevivir tanto en las calles como en la propia estructura de poder del barrio. Aquí, en cambio, estamos en un ecosistema donde la ciudad es solo un escenario que se presta para la estética, los espacios alternativos y las tocadas con bandas subte. El centro de Lima o la av. Brasil se vuelven un escenario sin vida que no cuenta nada, lugares que se prestan para no interrumpir lo que se quiere armar sobre los personajes. Un paisaje que solo sirve para la toma con dron o para que el personaje maneje bicicleta: porque en esta Lima libre-adaptada no existe el tráfico, ni la policía, y su centro se reduce a una esquina del jirón Quilca o a un bar. 

Vayamos a los aciertos de la película, a ciertos elementos que conectan con el libro pero que se explotan desde otra mirada. Cara de Ángel está explorando su sexualidad con su novia y experimenta momentos de ilusión y duda sobre su vínculo. Al igual que en el libro, comienza a darse cuenta de que ahora las chicas, los chicos y los señores lo miran con otros ojos; que su cuerpo y rostro despiertan deseos lujuriosos, y eso que lo inquieta es la mirada que puede tener hacia los chicos. La parte que más se desarrolla en la película es ese descubrimiento hacía la sexualidad, los momentos de ilusión y cierta rebeldía al romper las reglas y caer en el deseo. Pero ese conflicto respecto a su identidad no se ve tan marcado, y se corta por el bien de “seguir con la trama”. Es aquí donde la película también lucha con su identidad. 

Esas capas nuevas que propone la película: la escena alternativa, la profundización de la sexualidad, el mundo interno del protagonista representado a través de sueños y escenas con técnica mixta. Todo esto, sumado a los cinco protagonistas originales de los inocentes deja sin tiempo a la película para desarrollarse. Cabe resaltar que los elementos surreales no suman o aportan significativamente sobre lo que acontece en la mente del protagonista porque, en realidad, él no se siente aplastado por el peso de la masculinidad que su círculo le exige sino que se permite cuestionar y experimentar. Esta resulta ser una línea que la película no se permite explorar. En síntesis, la cinta brilla cuando se desapega de las tramas que hereda del libro y explora en Cara de Ángel, en el triángulo amoroso que se forma. Sin embargo, cuando vuelve a Los Inocentes y adapta las míticas escenas de los cuentos, se siente desconectada de lo demás.

Junto a los elementosa que no se terminan de explorar, se le suma el espacio de las tocadas, casa bagre y los escenarios donde este grupo de chicos salen durante las noches. Espacios donde se lanzan discursos que no terminan de sentirse sólidos y terminan metiéndose en un ambiente que solamente funciona para mostrar que los protagonistas son “duros” y están en contra de los poderes casi invisibles– que los oprimen, ya que ni se ven ni se sienten. Quizá estos espacios existen para reemplazar el sentido de collera o pandilla que propone el libro.

En el cuento, las dudas acerca de la sexualidad luego se reprimen, se dejan en pensamientos y deseos. Todos los chicos se suman a luchar por su masculinidad: enamorar a las chicas, volverse respetado en el barrio a través del robo y la viveza. Muestran a toda costa que han dejado de ser niños y deben ser vistos como hombres. Los pensamientos que desafían su “Masculinidad” (momentos donde los personajes aprecian su belleza y en cierta forma se desean), llegan para mostrar la vulnerabilidad o duda por la que están pasando y así también jugar con lo que conlleva ser masculino en esa Lima de los sesenta. 

Todo resulta en situaciones que no saben trasladarse al nuevo contexto porque son espacios totalmente diferentes con relaciones de poder que le exigen otras cosas a sus integrantes, porque la obra de Oswaldo Reynoso no nace de su imaginario o sus vivencias, sino de un genuino estudio resultado de su docencia en la escuela pública. 

Quizá la película pudo haberse explotado mejor si tuviera la confianza de alejarse del material del que fue inspirado, para aportar una lectura propia de nuestra contemporaneidad, así como lo hizo el autor original en su tiempo.